Los compas investigaron el pedestal y descubrieron que tenía un mecanismo oculto. Después de un rato, lograron activarlo y el compartimiento secreto se abrió. Dentro, encontraron un mapa que parecía ser la continuación de la pista que habían encontrado anteriormente.

Con la clave en mano, los compas pudieron mover la piedra y entrar en el templo. Dentro, encontraron una cámara grande con una serie de pasillos y habitaciones. En el centro de la cámara, había una gran estatua de un dios maya, con un pedestal que parecía tener un compartimiento secreto.

El viaje al templo fue largo y peligroso. Los compas tuvieron que atravesar selvas densas, cruzar ríos caudalosos y escalar montañas empinadas. Sin embargo, su determinación y trabajo en equipo les permitieron superar cada obstáculo. Finalmente, después de días de viaje, llegaron al templo.